“No temas, no desfallezcan tus manos”

Domingo III de Adviento 

 

   Se nos llama en este tercer domingo a alegrarnos porque el Señor está cerca. Como Adviento que es, hemos de dar cabida a preguntas serias: “¿qué tenemos que hacer?”, preguntan por tres veces al Bautista. Ésta es una pregunta del Espíritu, porque nos abre a preparar el corazón al Señor que viene.

   Preguntar con seriedad es renunciar a privilegios, estar dispuestos a que de verdad el Señor nos visite. Y la mejor manera de disponer nuestra vida es abrirnos a esas obras de conversión que señala el Bautista: compartir, no ser violentos jamás, no abusar, estar atentos al más débil. Es bueno preguntar y preguntarnos, es bueno querer oír lo que necesitamos oír, no lo que nos gustaría o nos dejaría tan tranquilos. Y, sobre todo, será bueno que nuestra respuesta esté llena de verdaderas obras de conversión, algo que toque los aspectos más serios de nuestra vida personal y social.

     Adviento nos recuerda que el Señor está cerca: la memoria nos pone delante del Señor, con ánimo de encontrarlo. “El aventará en nosotros todo lo que es paja y nos hará consistentes, nos hará vivir una vida de calidad: “no temas, no desfallezcan tus manos, que el Señor vendrá a tu vida”, dice el profeta Sofonías. Esta es la razón de nuestra alegría.

 

 

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