Que lo torcido se enderece

II Domingo de Adviento

  Hoy es el segundo domingo de Adviento. Se insiste en una idea central: Dios se acerca, para lo cual es necesario preparar el camino al Señor: que lo torcido se enderece, que lo escabroso se iguale.

   El Evangelio de San Lucas, que leeremos durante este año litúrgico, es el evangelio de la misericordia y la salvación de Dios. Lucas hace una filosofía de la historia en cuyo centro está Cristo, la salvación de Dios para todos los hombres. La liturgia de este domingo nos dice que Adviento es el día de Cristo, que no es una celebración más, ni un premio para los buenos: sino la ocasión de Dios, algo que ocurre en el encuentro de cada uno con Dios: una experiencia de misericordia y salvación.

     Este encuentro es el que esperamos y el que deseamos desde nuestra oración: que el Señor venga, que nos renueve, que nos encuentre preparados, atentos, capaces para captar se presencia cada día.

     Adviento nos llama a descubrir las carencias que experimentamos, el aburrimiento en el que estamos adormecidos con frecuencia. Nos llama además a llenar de contenido el mundo de nuestra fe  y a alimentar los espacios de nuestra creencia.

 

 

 

 

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