Más que todos los sacrificios y leyes

Domingo XXXI del Tiempo ordinario

El evangelio de este domingo trigésimo primero del tiempo ordinario nos pone ante una interpretación rigurosa y sencilla de lo que constituye la verdadera religiosidad: amar a Dios y amar al prójimo. Nos dice, además, que entender esto significa estar cerca del Reino de Dios.

El amor cristiano tiene, pues, dos direcciones. La primera es amar a Dios, dándole un lugar privilegiado en nuestra vida, en nuestra mentalidad y jerarquía de valores. La segunda es amar al prójimo y descubrir en él el valor absoluto de la persona. Esto en una lectura religiosa significa que hemos descubierto en cada prójimo un hijo de Dios.

Y seguramente que estamos de acuerdo en que esto vale más que toda la Ley y los profetas, más que todos los sacrificios y leyes. El problema está en cómo lo traducimos cada día y cómo alimentamos una permanente actitud crítica que sostenga una determinada manera de situarnos ante todo.

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