Crecer en fidelidad

Domingo XXVII del Tiempo Ordinario

     Hoy es el domingo vigésimo séptimo del tiempo ordinario.

     La liturgia de este domingo nos habla del matrimonio. No es ésta una página fácil, cuando tantos matrimonios andan a la deriva y el tema de las parejas de hecho o de los compañeros sentimentales ocupan la atención permanente de los medios de comunicación social. No es fácil hablar, pero hay que hacerlo con delicadeza y con firmeza.

     Y hay que hacerlo porque el matrimonio es una pieza esencial en el planteamiento que los cristianos hagamos de la vida: algo que reclama tratar las cosas con seriedad y de acuerdo al plan de Dios. Y el plan de Dios no es siempre el nuestro, nos dice de una manera repetida el Evangelio. “Al principio no fue así” significa que hay que volver al origen, al proyecto de Dios y ahondar en él y redescubrir el sentido de la fidelidad al don que Dios les hace a los que se casan.

    Pedimos en la Eucaristía que los que están próximos a casarse acierten a  prepararse para ese don y que la sociedad favorezca ese crecimiento y esa educación. Que todos sepamos crecer en fidelidad. Algo que no es fácil, como no es fácil ser justos, ni equilibrados, ni solidarios.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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