Estar del lado de Dios es actuar honradamente

Domingo XXV del Tiempo Ordinario

Hoy es el domingo vigésimo quinto del tiempo ordinario. En este domingo y el siguiente la liturgia nos hace pensar sobre el uso de los bienes de este mundo. El enemigo de Dios no es el ateísmo, no es la secularización. El enemigo de Dios, nos avisa el Evangelio, es el dinero. Dios y el dinero no se entienden bien.

     La parábola del administrador infiel retrata la situación de una persona culpable por desleal. La deslealtad de este personaje está bien descrita en el texto que hemos leído. El dinero es calificado hasta tres veces como “injusto”; el proceder del administrador como envuelto en tinieblas, entre astucias y dobles intenciones. Jesús dice que los hijos de este mundo se ganan amigos, es decir, triunfan, con el dinero; pero, ¿y los hijos de Dios, los hijos de la luz, qué hacemos? A los hijos de la luz los salvará el no caer en la servidumbre del dinero, que el Evangelio censura con rigor.

     Estar del lado de Dios, ser hijos de la luz, significa actuar honradamente, poner al servicio de los demás lo que somos y tenemos.

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Nada es de Dios si obstaculiza la alegría de vivir

Domingo XXIV del tiempo ordinario

Hoy, domingo vigésimo cuarto del tiempo ordinario, oiremos un extenso relato evangélico: tres parábolas que nos hablan de cosas y realidades que se pierden, y de experiencias de realidades recuperadas. Dios se pone de parte de todo lo que se recupera. También nosotros debemos hacerlo. Frente a la tentación de la nostalgia, el horizonte, el alegre horizonte de la esperanza.

     Los fariseos de los que habla el evangelio de hoy podemos ser cada uno de los que estamos aquí reunidos este domingo: se sorprendían de que Jesús comiera con pecadores, manifestando su permanente misericordia. Que sepamos desarrollar las virtudes de la convivencia cristiana y las virtudes democráticas.

Aunque no siempre sea fácil, porque le tentación es empeñarnos en traer el pasado para que no viva ni el presente ni el futuro. Es claro que eso no es de Dios; porque nada es de Dios si obstaculiza la alegría de vivir, la alegría del perdón y el asombro del hallazgo.

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Si es importante de verdad, es de Dios

Domingo XXIII del tiempo ordinario

Hoy es el domingo vigésimo tercero del tiempo ordinario. El Evangelio pone ante nosotros dos pequeñas parábolas, que recuerdan la exigencia de la vida cristiana: lo que se proyecta o lo que se tiene entre manos reclama cálculo, previsión y reflexión. Que más que hablar de lo exigente que es ser cristiano, comprendamos lo gratificante de un logro anhelado y justo.

     Las cosas que hacemos cada día, en las que soñamos, las que comenzamos o las que retomamos después de unas vacaciones reclaman de nosotros seriedad y empeño. Exigen que nos detengamos para preguntarnos sobre lo verdaderamente importante y si eso importante tiene que ver con Dios o no. Si es de verdad importante, seguro que tendrá que ver con Dios; de lo contrario, deberíamos preguntarnos si es tan importante como pensamos.

     Que esta Eucaristía abra para nosotros un horizonte de creyente esperanza, que nos acerque a los demás con el afán de ofrecer la obra bien hecha, la realidad que nos ha hecho constructores de algo que merece la pena.

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Ocupar siempre el puesto que nos corresponde

Domingo XXII del Tiempo ordinario

   Hoy es el domingo XXII del Tiempo Ordinario. Es el final de unas vacaciones, cuando hemos visto caras nuevas, y, seguramente, hemos tenido experiencias nuevas. Tiempo de vacación, que ojalá haya sido de descanso. A partir de mañana volveremos a poner las cosas en su sitio, los tiestos, los recuerdos, las obligaciones, las personas.

     Es una actitud religiosa celebrar en la fe la vuelta a la normalidad, a volver a tomar cada uno su lugar en la vida. Precisamente la liturgia de este domingo nos llama a no darnos importancia, a descubrir nuestro sitio y el estilo de vida en el que necesitamos desarrollar nuestro tiempo y nuestro talento. El  relato del evangelio de hoy nos recuerda cómo  muchos invitados a un banquete buscan un sitio preferente, salir en la foto. Lo que Jesús recuerda no son normas de urbanidad sino actitudes cristianas que hace falta cultivar. El domingo pasado se nos decía que vendrán muchos de Oriente y de Occidente y nos arrebatarán el puesto; porque hay primeros que serán últimos y últimos que serán primeros. Hoy lo que se nos dice es que sepamos ocupar siempre el puesto que nos corresponde.

     Que valoremos el terreno que hemos de pisar cada día, aun a pesar de las dificultades que nos sobrevengan. Que si tenemos algo importante que decir o que hacer, encontremos personas para llevar adelante lo proyectado y palabras eficaces para que la verdad resplandezca donde sea menester.

 

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Misericordia: puerta siempre abierta

Domingo XXI del tiempo ordinario

   ¿Son muchos los que se salvan? Con esta pregunta se abre el evangelio de este domingo, vigésimo primero del tiempo ordinario. Jesús no da respuesta a esa pregunta, sino que llama a tomarse la vida muy en serio y a no crear separaciones improcedentes, nacidas de preferencias sociales o religiosas.

     Estamos con ello ante un problema que era de los israelitas de la época de Jesús y que sigue siendo de los cristianos de hoy. Damos por supuesto que estamos en el camino de la salvación. Y Jesús dice que “hay primeros que serán últimos y últimos que serán primeros”, que no es sino una llamada a vivir vigilantes y dentro de una firme coherencia.

     Ya nos vamos reuniendo otra vez, después de unas vacaciones. Estamos reiniciando el trabajo y el espacio habitual de nuestra vida. Que no demos nada por supuesto y descubramos y redescubramos para nosotros y para otros la imagen de un Dios que llama a todos y cuya misericordia es una puerta siempre abierta. Así nos los dice el Evangelio de hoy. Como así mismo nos llama a ser exigentes con nosotros mismos.

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¿Dónde nos situamos para vivir la fe?

Domingo XX del tiempo ordinario

     Hoy es el domingo vigésimo del tiempo ordinario. El domingo pasado se nos llamaba a la fidelidad y a la vigilancia, a la espera del amo que vuelve. Hoy se nos llama a dejarnos purificar por el fuego del Espíritu que nos transmite la palabra de Jesús.

     No es fácil vivir la fe ni fácil transmitirla, cuando todo convida a pactar con realidades que están ausentes de valores evangélicos. Todo convida a vivir una fe acomodada, en el ámbito de lo privado, una fe que no cause problemas a nadie. Sin embargo, la fe en Jesús reclama de nosotros una decisión: ¿dónde nos situamos?

     Necesitamos vernos transformados, recuperados, revitalizados para la vida de cada día, para el compromiso permanente de ser y de sentirnos cristianos, en un mundo donde está en juego el lugar del cristianismo en la sociedad actual.

     Vamos a pedir en este domingo de agosto ser sensibles a las demandas que la sociedad reclama de los que participamos de la Eucaristía cada semana.

 

 

 

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Dios está en otra dirección

Domingo XIX del tiempo ordinario

    Hoy es el domingo décimo noveno del tiempo ordinario. Bajo tres parábolas se nos llama a la fidelidad y a la vigilancia. Pedro le pregunta a Jesús si esas parábolas están dirigidas a ellos, los discípulos, o a los demás. Jesús no contesta a esta pregunta, sino que insiste en su enseñanza. Todos estamos llamados a esa vigilancia y atención a las responsabilidades que la vida nos pone delante.

     Es una actitud frecuente la de pensar que son otros lo que necesitan cambiar u otros los que necesitan vivir más atentos a la forma como Dios nos llama a todos. Nosotros necesitamos estar atentos a la Palabra de Dios. Este es el mensaje de la liturgia de este domingo, pero nosotros seguimos en lo nuestro, cada uno en lo suyo, calculando preferencias, derechos adquiridos en función de no sabemos qué títulos, pero así es. Lo nuestro es lo verdaderamente importante y punto.

     La equivocación está en que eso no tiene nada de evangélico, nada de cristiano. Lo cristiano y lo evangélico está en otra dirección, porque Dios está en otra dirección y se le encuentra en otros espacios, distintos a los de nuestra mezquindad, miopía o egoísmos.

    

 

 

 

 

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Ser ricos para Dios

     Domingo XVIII del Tiempo Ordinario

 

     Hoy es el domingo décimo octavo del tiempo ordinario. Lo que la liturgia de este domingo nos recuerda es que el proyecto de una vida no puede encerrarse en “amasar riquezas para sí”.

     Hay en el mundo demasiados problemas, lo que obliga a pensar más en los demás. Esto es lo que en el Evangelio de hoy se llama “ser ricos para Dios”. Acaparar como el rico insensato que se describe en la parábola es ver las cosas exactamente al revés.

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Salir al encuentro de los demás

Domingo XVI del Tiempo Ordinario

     Hoy es el domingo decimosexto del tiempo ordinario: Jesús acepta la hospitalidad de una familia amiga en Betania. La tradición, simplificando un poco las cosas, ha hecho de estas dos hermanas, Marta y María, símbolos de vida activa y contemplativa, formas diversas de la existencia cristiana.

     Pero no son ni deben ser actitudes disyuntivas ni excluyentes.  Todos hemos de reproducir ambas actitudes en la vida. Se nos llama a la hospitalidad y al servicio a los demás. En un mundo tan inhóspito y que facilita tan poco la comunicación entre las personas, se nos invita a tener la puerta abierta para con los demás: acoger a los mayores, a los que están solos, a los inmigrantes, a los turistas, a los que particularmente no nos caen simpáticos. Se nos pide que sepamos salir al encuentro de los demás. Ésa es la tarea de Marta.

     La de María es vivir atentos a la palabra de Dios. María la Madre del Señor estuvo atenta a su palabra; Jesús decía que en vez de decir Señor, Señor, aprendiéramos a llevar su palabra a la vida. En otra ocasión habló de que su verdadera familia la constituyen los que están atentos a la palabra.

     Que la acogida que demos a la palabra de Dios nos transforme a todos.

 

 

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Hacer sitio para Dios

Domingo XVII del Tiempo Ordinario

    En el evangelio de este domingo, décimo séptimo del tiempo ordinario, los discípulos piden a Jesús que les enseñe a orar. Jesús, entonces, les enseña el “Padre nuestro”. Además, y a propósito de esta necesidad que tenemos de orar, Jesús nos hace una pregunta: ¿os podéis imaginar que uno de vosotros dé una piedra a su hijo que le está pidiendo pan?

    Hoy se nos invita a rezar y a que le demos tiempo y espacio a la oración. Teniendo presente que la oración significa dar importancia y sitio a Dios.

     La oración del cristiano necesita ser oración de alabanza a Dios y esto es lo que cada domingo hacemos en la Eucaristía. Es la dignidad irrenunciable del domingo cristiano que nos hace buscar el tiempo para Dios. Sólo que esta obligación no nos puede alejar de pedir por este mundo nuestro y acercarnos a las necesidades del prójimo.

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