El pecado de la incoherencia: es peligroso creerse de los buenos

Domingo vigésimo sexto del Tiempo Ordinario

Hoy, el pueblo de Granada se ha echado a la calle para aclamar a la Virgen de las Angustias. En estos días se ha abierto el año judicial, se ha abierto el año académico. Todo nos lleva a pensar o al menos a desear que las cosas pueden renovarse. Ojalá todos podamos poner orden en nuestras ideas y hacer porque las cosas vuelvan a empezar otra vez con esperanza.

     No basta aparecer como los oficialmente buenos, porque precisamente el evangelio de este domingo vigésimo sexto nos hace caer en la cuenta de que es peligroso creerse de los buenos, si después en la vida somos incoherentes o frívolos, orgullosos, desaprensivos o corruptos.

     La vida, y con ella el Evangelio, llama a asumir las responsabilidades, a entrar en el verdadero campo de la libertad, que es como entrar en una mayoría de edad: a entrar en el camino de la justicia, en el camino del tratamiento serio de cuanto llega a nuestras manos. Esto lo decimos pensando en los  más de 60.000 universitarios, que van a empezar su trabajo en estos días en Granada.

     Todas estas intenciones las hacemos nuestras esta noche. Y, sobre todo, queremos llevarnos muy claro el mensaje del evangelio de este domingo: las responsabilidades de nuestra vida son nuestras, de cada uno de nosotros. No valen excusas: es cada uno de los que estamos aquí quien dice “sí” o quien dice “no”.

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Nada es de Dios si impide la alegría de vivir, la alegría del perdón

Domingo vigésimo cuarto del tiempo ordinario

Hoy, domingo vigésimo cuarto del tiempo ordinario, vuelve el Evangelio a ponernos ante el tema del perdón: ¿cuántas veces hay que perdonar? El problema reside en que nosotros nos cansamos de perdonar y pensamos que Dios pueda ser parecido a nosotros. Igual que decíamos el domingo pasado, hoy repetimos que se perdona desde una experiencia de Dios.

     Necesitamos experimentar lo que es Dios, para lo cual debemos comprender y saber que necesitamos el perdón de Dios en lo grande y en lo pequeño, porque fallamos en lo de cada día y en los planteamientos importantes.

     Necesitamos desarrollar las virtudes de la convivencia cristiana: abiertos al perdón y a celebrar todo lo que sean descubrimientos que llevan a vivir con más esperanza. Que donde haya odio pongamos amor, donde haya rencor generosidad, donde haya violencia pongamos paz.

     Piensa en tu Dios, cesa en tu enojo, guarda los mandamientos, recuerda tu alianza. Piensa que estamos empezando un nuevo curso, piensa que no tienen futuro determinadas actitudes dentro del matrimonio, dentro de la casa, dentro del trabajo.

     Aunque no siempre sea fácil, porque le tentación es la de cerrarse en el rencor. Es claro que eso no es de Dios; porque nada es de Dios que nos esté impidiendo la alegría de vivir, la alegría del perdón y el asombro del hallazgo.

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Ofrecer el perdón: salvar al hermano

Domingo vigésimo tercero del tiempo ordinario

Entre este domingo vigésimo tercero y el domingo próximo, leeremos la instrucción a la comunidad cristiana sobre el perdón. Constituye el capítulo 18 del evangelio de San Mateo.

Hablar de perdón no es meramente una disciplina a la que someterse. El perdón debe ser una experiencia: cada uno deberá ir descubriendo por qué necesitamos tratar exquisitamente al prójimo, y tanto más cuanto más necesitado esté, cuantos menos recursos tenga, cuanto más pobre o más pequeño o menos poderoso sea.

Es ésta que hoy leemos una de las páginas más originales del evangelio, como regla de vida.

Que la Eucaristía que ahora celebramos abra para nosotros un horizonte de creyente esperanza, que nos acerque a los demás con afán de ofrecer el perdón, de salvar al hermano, de crear un espacio de reconciliación allá donde haya dos o más que se reúnen en el nombre del Señor.

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Mirar la vida y la historia de cada día con los ojos de Dios

Domingo vigésimo segundo del tiempo ordinario

     Hoy es el domingo vigésimo segundo del tiempo ordinario. En estas fechas acaban las vacaciones para muchos y volvemos a retomar lo de cada día. Volvemos a poner las cosas en su sitio, los tiestos, los recuerdos, las obligaciones y las personas.

     Ojalá todo esto podamos celebrarlo en este domingo, cuando la liturgia nos llama a tomar un camino que se construye poco a poco, entre perplejidades, novedades, y alguna que otra sorpresa.

     Que no nos falten ganas de vivir, ganas de ponerle de verdad nombres a las cosas. Que sepamos denunciar lo que no vemos bien, apoyar lo que con dos manos sale mejor que con una sola. Que  aprendamos a pensar con ideas de Dios, que miremos la vida, el mundo, la historia de cada día con los ojos de Dios. Todo esto queremos llevarlo a nuestra oración en la Eucaristía de este domingo.

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Cristo: realidad que marca nuestra historia personal y colectiva

Domingo XXI del Tiempo Ordinario

     A todos cuantos nos reunimos esta tarde aquí, se nos puede preguntar qué pensamos del Hijo del Hombre y quién es para nosotros Jesucristo.

     Los evangelios han nacido de esta pregunta. Pregunta que se nos hace a cada uno, a cada comunidad. Pregunta que nos debe llevar al interior de nosotros mismos, y que conecta con otras preguntas importantes: ¿quién soy yo?, ¿qué es para mí la Iglesia? ¿quién es Dios para mí?.

Lo simplemente cristiano del Cristianismo es Jesucristo, ha dicho un teólogo de nuestros días. Esto quiere decir que para cada uno de nosotros Cristo Jesús es un acontecimiento, una realidad que ha marcado nuestra historia personal y marca y orienta nuestra historia colectiva.

La fe de cada uno vivida con un sentido profundo dará vigor a la Iglesia que entre todos formamos. Esa es la Iglesia sobre la que nos preguntamos y de la que nos habla el Evangelio de hoy.

   La liturgia de este domingo veintiuno del tiempo ordinario nos invita a orar para que el servicio de la fe, de la caridad, de la unidad y de la misión estén siempre vivos en la comunidad presidida por el Papa y los obispos.

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Dios está en otra dirección

Domingo vigésimo del Tiempo Ordinario  

     Para Dios no hay extranjeros, ni privilegios de raza, religión o cultura. Para Dios solo hay misericordia. Este es el mensaje de la liturgia de este domingo, vigésimo del tiempo ordinario. Mensaje repetido en las lecturas y en el relato evangélico de la mujer cananea.

     Sin embargo, nosotros seguimos pensando en lo nuestro, cada uno en lo suyo, calculando preferencias y derechos adquiridos.

     La equivocación está en que eso no tiene nada de evangélico, nada de cristiano. Lo cristiano y lo evangélico está en otra dirección, porque Dios está en otra dirección y se le encuentra en otros espacios, distintos a los de nuestra mezquindad, miopía o egoísmos.

     Vamos a pedir al Señor en nuestra Eucaristía de este domingo de agosto saber ser sensibles a las injusticias que se llevan a cabo siempre que monopolizamos la verdad y la salvación.

 

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Lo evangélico es situarnos en dirección a Dios

Domingo decimonoveno del tiempo ordinario    

 

   La liturgia de este día, domingo decimonoveno del tiempo ordinario, pone ante nosotros la vocación del profeta Elías: “Sal y aguarda al Señor en el monte, porque el Señor va a pasar.” También nosotros, como Elías, necesitamos el paso del Señor.

     Y, como el profeta, nosotros necesitamos estar atentos a la Palabra de Dios que nos robustece y nos proporciona la fuerza necesaria para seguir ante tantas realidades que nos llenan de confusión y merman considerablemente nuestra esperanza.

     La equivocación está en que eso no tiene nada de evangélico, nada de cristiano. Lo cristiano y lo evangélico es situarnos en dirección a Dios, en su espacio, que no tiene nada que ver con el espacio de nuestros miedos, nuestra mezquindad o nuestros egoísmos.

 

 

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Dar de comer y dar compañía

Domingo décimo octavo del tiempo ordinario

  Hoy es el domingo décimo octavo del tiempo ordinario. Estamos ante un relato deslumbrante, que los evangelios lo narran hasta seis veces. La gente, el pueblo necesitado, ha buscado y ha seguido a Jesús hasta aquí: una situación ante la que lo que se le ocurre a los discípulos es decir “que despida a la gente, que se busquen de comer”, mientras que lo que Jesús dice a los discípulos es que les den ellos de comer.

   Los israelitas sabían por su historia que Dios los había alimentado en el desierto, y que la acción misericordiosa de Dios siempre había estado de su parte. La comunidad que formamos todos en torno a Jesús y a su enseñanza también es una comunidad necesitada. Necesitamos unos de otros, para dar de comer, para dar compañía o enseñanza.

  A todo esto nos acostumbra el hecho de estar aquí en este domingo participando de la misma eucaristía.

 

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El Reino: la alegría de conseguir lo soñado

Domingo decimoséptimo del tiempo ordinario

  En este domingo 17º del año se dice que el Reino es un tesoro encontrado con mucho esfuerzo, o un negocio que se logra realizar, o una red repleta de peces buenos, y, fundamentalmente, se compara el Reino a la alegría de haber realizado todo aquello que uno ha soñado o por lo que ha trabajado.

  Es una tarea con un criterio de veracidad: la alegría por haber hecho lo que hay que hacer. Es importante tener presente esto en la vida de cada día: llegar a descubrir que Dios tiene que ver con la alegría y no tanto con la tristeza con que amargamos mucha de nuestra tarea.

  Distinguir lo que tiene que ver con el Reino de Dios, con su voluntad, y lo que no tiene nada que ver con el Reino y la voluntad de Dios constituye la verdadera sabiduría cristiana. Ojalá maduráramos en ese buen sentido común cristiano y trabajáramos por poner en lo que hacemos la esperanza de la búsqueda y la alegría del encuentro.

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Dios en lo escondido

Domingo decimosexto del Tiempo Ordinario

   Cuando se nos dice que “el Reino de los cielos se parece a…” lo que se nos está diciendo es que “lo que Dios quiere es…” Lo que Dios quiere es que seamos más tolerantes, más pacientes. Porque su proceder es distinto, muy distinto del nuestro.

   También quiere Dios que no nos preocupemos tanto de nuestra imagen, que no nos preocupe llenar un campo de fútbol o llamar la atención en la primera página de un periódico. Porque el Reino de Dios trabaja con otros modelos, con otros proyectos. Dios, su Reino, actúa en lo escondido, en el interior de cada uno.

   Todo esto es bonito, pero desde luego los hombres y mujeres de este tiempo y de esta sociedad nuestra preferimos otra cosa.

   La Eucaristía de este domingo nos invita a poner los ojos y nuestra preocupación en el proyecto de Dios, y en hacernos presente a nuestro mundo con una conciencia y un estilo más cristiano.

 

 

 

 

 

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