La vida eterna: una esperanza que apunta también al “más acá”

Domingo XXXII del Tiempo ordinario

Hoy es el domingo trigésimo segundo del tiempo ordinario. La historia de los Macabeos y, sobre todo, la lectura evangélica, nos ponen ante el tema de la resurrección. Una manera de entender nuestro futuro y nuestro presente. La vida eterna en la que creemos no es una ciencia explicable, sino una esperanza que nos sostiene y nos hace vivir de otra manera. Con más profundidad.

Dios es amigo de la vida, tanto que nos da la oportunidad de vivirla con absoluta seriedad y firmeza. Nuestra libertad, lo mejor que hay en nosotros, nos hace aptos para responder con fidelidad a lo que Dios mismo pone en nuestras manos.

Nuestras fidelidades van creando la semilla de inmortalidad, que tendrá su fruto plenamente en la vida eterna. Cuando decimos que creemos en la vida eterna, no apuntamos sólo al más allá, sino que comprendemos nuestra vida actual con otras categorías.

La liturgia de hoy nos llama a tomar en serio todo cuanto acontece a nuestro alrededor, a esforzarnos por hacer nuestra vida más humana, más digna, más solidaria. Por eso, en este domingo nuestra intención es poner nuestros ojos en todas las necesidades de este mundo que nos rodea.

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Deseo de ver y reparar daños

XXXI del Tiempo Ordinario

Hoy es el domingo trigésimo primero del tiempo ordinario. La liturgia de este domingo pone ante nosotros una imagen de Dios perdonador, el Señor amigo de la vida.

Como hace dos mil años, Jesús pasa en medio de nosotros y mantiene un diálogo con cada uno, como hizo hace tiempo con Zaqueo. Zaqueo representa todo lo que encierra el concepto evangélico de la conversión. Cada uno de nosotros deberíamos manifestar nuestro deseo de ver, de encontrarnos en la vida con el Señor, de estar dispuestos a restituir el daño que hayamos podido hacer a otros.

Que, como Zaqueo, podamos experimentar que la salvación se nos ha metido por las puertas de nuestra casa, que las cosas pueden llegar a ser de otra manera, que podemos rehacer nuestra vida y mirar con más confianza el futuro.

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Menos imagen y más lugar a Dios

  XXX del Tiempo Ordinario

Dios se hace presente en la oración del pobre, del quien es consciente de su necesidad. Y esa presencia de Dios es la que nos justifica; pero la presencia de Dios se oscurece cuando no damos lugar a Dios por estar llenos de nosotros mismos. “Dos hombres subieron al templo a orar”, nos dice la parábola de hoy. ¿Con cuál de ellos nos identificamos?

Hemos creado una sociedad agresiva ante la que nos defendemos con uñas y dientes. Nos preocupa la imagen, nos afanamos por quedar bien y hemos hecho de la egolatría una virtud social. La imagen tiene una buena rentabilidad. El problema está en que, cuidando tanto la apariencia, nuestro corazón queda intocado y de esa manera dejamos poco espacio a la acción de Dios. Por aquí nos quiere llevar la reflexión evangélica en este domingo.

     Es claro que necesitamos dejar más lugar a Dios. Vamos a invocar al Señor y a pedirle su luz y una sabiduría para dar con la clave de una vida nueva.

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¿Cómo ordenamos nuestros deseos? ¿Qué puesto reservamos a Dios?

   Domingo XXIX del Tiempo ordinario  

Hoy es el domingo vigésimo noveno del tiempo ordinario. El tema de las lecturas de hoy es el de la oración insistente: A través de una parábola sencilla: una viuda, desasistida y expuesta a abusos; y un juez injusto. A esta mujer viuda la salva su oración, el deseo insistente de que se haga justicia con ella.  No oramos para que Dios conozca nuestros deseos, sino para que, orando, crezca en nosotros la capacidad de desear.

     Desear; y, mejor aún, saber organizar nuestros deseos, darles forma, jerarquizarlos y volver a ellos con insistencia. Esa insistencia es la que marca el nivel de nuestra oración y de nuestra fe: qué pedimos, qué deseamos, qué precio estamos dispuestos a pagar por cada cosa; qué tipo de personas somos, qué estudiante, qué amigo, qué padre o qué hijo somos. Todo esto tiene que ver con la manera como ordenamos nuestros deseos, y la manera como tenemos en consideración el puesto que reservamos a Dios en nuestra vida personal.

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¿En qué comprometemos la vida?

Domingo vigésimo séptimo del tiempo ordinario

Hoy es el domingo vigésimo séptimo del tiempo ordinario. Con el mes de octubre, la vida se vuelve normal. Es tiempo propicio para escuchar la voz del Señor y prestar atención a nuestra vida cristiana. ¡Señor, auméntanos la fe! El justo vivirá de la fe. Una fe que necesitamos viejos y jóvenes.

     Las dificultades de cada día nos hacen ver que nuestra fe es débil, plana, sin relieve alguno. A nadie dice nada si somos o no cristianos, si lo somos poco o mucho.

     Y desde la constatación de todas las carencias que personalmente tenemos, y desde el esfuerzo por comprender a los que no tienen fe o la viven de manera distinta a como la vivimos cada uno de nosotros, nos preguntamos esta noche ¿qué tipo de cristiano somos? ¿de qué vamos? ¿a qué o en qué comprometemos la vida?

En este domingo queremos tener presentes a todos los que viven su fe entre dificultades, a cuantos se les hace difícil, muy difícil, transmitir la fe a sus hijos, responder con fe a los momentos de conflicto o construir todos los días la comunidad de creyentes que necesitamos ser.

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El prójimo está ahí

Domingo XXVI del Tiempo Ordinario

Hoy es la gran fiesta del pueblo cristiano de Granada: la  Virgen de las Angustias está  en la calle. Seguiremos la liturgia de la Fiesta de la Virgen, aunque las lecturas serán las del domingo vigésimo sexto del tiempo ordinario.

El evangelio nos presenta, en forma de parábola, una historia que puede ser la de cada uno: el prójimo está ahí ante nosotros, con todas sus carencias,  y no podemos ignorar la situación del mundo.

   Todo esto nos lleva a situarnos ante tantas situaciones difíciles: las tensiones entre judíos y palestinos, buscando cada uno situarse en lo que creen que son sus derechos; el clima de terror y de sospechas que se vive en Irak; las pateras de cada día: los que vienen hasta nosotros porque no tienen nada; los que dejan lo poco y lo mejor que tienen, su familia, su cultura, sus costumbres, para tomar lo que nadie quiere, para vivir en las peores condiciones, para viajar arriesgando, como tantos que han desaparecido para siempre.

     También tenemos presente en nuestra oración de esta noche a todos los que ya han llegado o está llegando a Granada, para iniciar un nuevo curso en la Universidad. También ellos buscan acogida, también a ellos se les llama a hacerse prójimos de los demás.

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Estar del lado de Dios es actuar honradamente

Domingo XXV del Tiempo Ordinario

Hoy es el domingo vigésimo quinto del tiempo ordinario. En este domingo y el siguiente la liturgia nos hace pensar sobre el uso de los bienes de este mundo. El enemigo de Dios no es el ateísmo, no es la secularización. El enemigo de Dios, nos avisa el Evangelio, es el dinero. Dios y el dinero no se entienden bien.

     La parábola del administrador infiel retrata la situación de una persona culpable por desleal. La deslealtad de este personaje está bien descrita en el texto que hemos leído. El dinero es calificado hasta tres veces como “injusto”; el proceder del administrador como envuelto en tinieblas, entre astucias y dobles intenciones. Jesús dice que los hijos de este mundo se ganan amigos, es decir, triunfan, con el dinero; pero, ¿y los hijos de Dios, los hijos de la luz, qué hacemos? A los hijos de la luz los salvará el no caer en la servidumbre del dinero, que el Evangelio censura con rigor.

     Estar del lado de Dios, ser hijos de la luz, significa actuar honradamente, poner al servicio de los demás lo que somos y tenemos.

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Nada es de Dios si obstaculiza la alegría de vivir

Domingo XXIV del tiempo ordinario

Hoy, domingo vigésimo cuarto del tiempo ordinario, oiremos un extenso relato evangélico: tres parábolas que nos hablan de cosas y realidades que se pierden, y de experiencias de realidades recuperadas. Dios se pone de parte de todo lo que se recupera. También nosotros debemos hacerlo. Frente a la tentación de la nostalgia, el horizonte, el alegre horizonte de la esperanza.

     Los fariseos de los que habla el evangelio de hoy podemos ser cada uno de los que estamos aquí reunidos este domingo: se sorprendían de que Jesús comiera con pecadores, manifestando su permanente misericordia. Que sepamos desarrollar las virtudes de la convivencia cristiana y las virtudes democráticas.

Aunque no siempre sea fácil, porque le tentación es empeñarnos en traer el pasado para que no viva ni el presente ni el futuro. Es claro que eso no es de Dios; porque nada es de Dios si obstaculiza la alegría de vivir, la alegría del perdón y el asombro del hallazgo.

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Si es importante de verdad, es de Dios

Domingo XXIII del tiempo ordinario

Hoy es el domingo vigésimo tercero del tiempo ordinario. El Evangelio pone ante nosotros dos pequeñas parábolas, que recuerdan la exigencia de la vida cristiana: lo que se proyecta o lo que se tiene entre manos reclama cálculo, previsión y reflexión. Que más que hablar de lo exigente que es ser cristiano, comprendamos lo gratificante de un logro anhelado y justo.

     Las cosas que hacemos cada día, en las que soñamos, las que comenzamos o las que retomamos después de unas vacaciones reclaman de nosotros seriedad y empeño. Exigen que nos detengamos para preguntarnos sobre lo verdaderamente importante y si eso importante tiene que ver con Dios o no. Si es de verdad importante, seguro que tendrá que ver con Dios; de lo contrario, deberíamos preguntarnos si es tan importante como pensamos.

     Que esta Eucaristía abra para nosotros un horizonte de creyente esperanza, que nos acerque a los demás con el afán de ofrecer la obra bien hecha, la realidad que nos ha hecho constructores de algo que merece la pena.

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Ocupar siempre el puesto que nos corresponde

Domingo XXII del Tiempo ordinario

   Hoy es el domingo XXII del Tiempo Ordinario. Es el final de unas vacaciones, cuando hemos visto caras nuevas, y, seguramente, hemos tenido experiencias nuevas. Tiempo de vacación, que ojalá haya sido de descanso. A partir de mañana volveremos a poner las cosas en su sitio, los tiestos, los recuerdos, las obligaciones, las personas.

     Es una actitud religiosa celebrar en la fe la vuelta a la normalidad, a volver a tomar cada uno su lugar en la vida. Precisamente la liturgia de este domingo nos llama a no darnos importancia, a descubrir nuestro sitio y el estilo de vida en el que necesitamos desarrollar nuestro tiempo y nuestro talento. El  relato del evangelio de hoy nos recuerda cómo  muchos invitados a un banquete buscan un sitio preferente, salir en la foto. Lo que Jesús recuerda no son normas de urbanidad sino actitudes cristianas que hace falta cultivar. El domingo pasado se nos decía que vendrán muchos de Oriente y de Occidente y nos arrebatarán el puesto; porque hay primeros que serán últimos y últimos que serán primeros. Hoy lo que se nos dice es que sepamos ocupar siempre el puesto que nos corresponde.

     Que valoremos el terreno que hemos de pisar cada día, aun a pesar de las dificultades que nos sobrevengan. Que si tenemos algo importante que decir o que hacer, encontremos personas para llevar adelante lo proyectado y palabras eficaces para que la verdad resplandezca donde sea menester.

 

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