Hay vida y esperanza en el misterio

Domingo XXIV del Tiempo Ordinario

  Hoy es el domingo vigésimo cuarto del tiempo ordinario.. El Evangelio nos ofrece dos temas importantes: ¿de qué te sirve decir que tenemos fe si después nuestra vida está llena de incoherencias? El otro tema es la pregunta que Jesús hace a los suyos: ¿qué piensa la gente y qué pensamos cada uno de nosotros de Jesús?

     Ir descubriendo respuesta a estos temas nos resulta a veces una tarea difícil. Entender el sentido de la adhesión a la fe, aprender a movernos en el conflicto no es desde luego tarea fácil.

  Isaías dice que Jesús personifica el fracaso, el fracaso aparente; ya que Dios está siempre con él, en su humillación y en su sufrimiento. Jesús ha estado en la cruz, en los arrabales de las grandes ciudades, en los arrabales de la historia; ha llegado a lo más bajo, a lo que no se entiende, a todo aquello ante lo que preferimos volver la cara.

  Y ahí, en ese espacio lleno de contradicciones, es donde Dios nos salva: así lo vio la primera comunidad, la que leyó el evangelio más antiguo. Y descubrió que había salvación, vida y esperanza en el misterio.

    

 

 

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Desvanecer los miedos y no “hacernos el sordo”

Domingo XXIII del Tiempo Ordinario

     “Sed fuertes, no temáis”: ese es el mensaje del profeta Isaías para este domingo vigésimo tercero del tiempo ordinario. Es evidente que necesitamos fortaleza, como así mismo desvanecer los miedos que ensombrecen la existencia de tantos contemporáneos nuestros.

     Que la Eucaristía que ahora celebramos abra los oídos de nuestro corazón para acoger la palabra de Dios y acertar llevándola a la vida. Que abra también nuestros oídos para oír la realidad que nos ha tocado vivir y no andar “haciéndonos el sordo” ante los problemas y sufrimientos de este mundo.

    Que se nos abra a todos un horizonte de creyente esperanza, que nos acerque a los demás desinteresadamente; que seamos capaces de salvar a otros, de crear solidaridad, espacios de acogida, de sonrisa y de paz; que sepamos destruir los muros de la incomunicación y de la soledad de tantos haciendo posible, con signos creíbles y expresivos, espacios de reconciliación desde actitudes de buena voluntad. Sabemos de más que entonces el Señor se hará presente entre nosotros.

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Volver con ganas de vivir y pisar el terreno de cada día

Domingo XXII del Tiempo Ordinario

       Hoy es el domingo vigésimo segundo del tiempo ordinario. Mañana muchos volverán a su trabajo habitual. Esta fecha es importante porque significa el final de un tiempo más disperso: tiempo de vacación, que ojalá haya sido de descanso. Con septiembre volvemos a poner las cosas en su sitio, los tiestos, los recuerdos, las obligaciones, las personas.

     Es una actitud profundamente religiosa celebrar en la fe la vuelta al trabajo, a la normalidad del trabajo. Y precisamente en este domingo, cuando la liturgia nos llama a tomar un camino que se construye desde dentro, desde lo más profundo de cada uno.

     Que no nos falten ganas de vivir, ganas de ponerle de verdad nombres a las cosas. Que sepamos denunciar lo que no vemos bien, apoyar lo que con dos manos sale mejor que con una sola. Que valoremos el terreno que hemos de pisar cada día, aun a pesar de las dificultades que nos sobrevengan. Que si tenemos algo importante que decir o que hacer, encontremos personas para llevar adelante lo proyectado y palabras eficaces para que la verdad resplandezca donde sea menester.

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Descubrir la huella de Cristo en la vida

Domingo XXI del Tiempo Ordinario

      Hoy es el domingo vigésimo primero del tiempo ordinario. También a nosotros se nos puede preguntar qué es lo que nos viene grande o no entendemos de la enseñanza del Evangelio, qué pensamos hacer con nuestras vidas, quién es para nosotros Jesucristo.  También nosotros dudamos y necesitamos clarificar más de una vez nuestra identidad y nuestro futuro.

     Necesitamos redescubrir que sólo el Espíritu es el que nos da la vida que con frecuencia nos falta. “Lo simplemente cristiano del Cristianismo es Jesucristo”; lo que quiere decir que para cada uno de nosotros Cristo Jesús debe ser un acontecimiento, una realidad que ha marcado nuestra historia personal y marca y orienta nuestra historia colectiva.

     Descubrir como individuos y como grupo la huella que Cristo ha dejado en la historia es tarea permanente de los cristianos. Y todo lo que nos ayude a esto, venga de donde venga, debe ser bien acogido. Para cada uno queda la urgencia personal de hacer de esta tarea algo con lo que identificarse.

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Creer para comer y revitalizar la vida

Domingo XX del Tiempo Ordinario

   Hoy es el domingo vigésimo del tiempo ordinario. El Evangelio de hoy habla de “comer” la carne y “beber” la Sangre del Señor. Y eso escandalizó entonces y sigue sorprendiendo ahora. Necesitamos creer para comer. Este es el mensaje de este domingo. No se nos hubiera ocurrido tampoco a nosotros hablar así; pero son palabras del evangelio.

     Y esta Eucaristía de la que se nos habla es la que nos da vida, la que nos hace resucitar de tantas situaciones mortecinas en las que estamos acomodados. Necesitamos, por eso, recuperar todo el sentido de la Eucaristía y situarlo en nuestra vida personal y social. No es un problema de mera devoción ni mucho menos de cosmética religiosa. Se trata de comprender que necesitamos vernos transformados, recuperados, revitalizados para la vida de cada día, para el compromiso permanente que reclama de nosotros una manera de ser y de sentirnos cristianos, en un mundo donde está en juego el lugar del cristianismo en la sociedad actual.

 

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Encontrar fuerzas para vivir donde menos se esperaban

    Domingo XIX del Tiempo Ordinario

    La liturgia de este día, domingo décimo noveno del tiempo ordinario, pone ante nosotros la crisis del profeta Elías, que se siente cansado y agobiado: “Basta ya, Señor, quítame la vida, que yo no sirvo para esto”. La crisis de Elías puede ser la de cada uno de nosotros.

     Y, como el profeta, nosotros necesitamos estar atentos a la Palabra de Dios que nos robustece y nos proporciona la fuerza necesaria para seguir caminando y luchando. Este es el mensaje de la liturgia de este domingo, pero nosotros seguimos en lo nuestro, cada uno en lo suyo, calculando preferencias, derechos adquiridos en función de no sabemos qué títulos, pero así es. Lo nuestro es lo verdaderamente importante y punto.

     La equivocación está en que eso no tiene nada de evangélico, nada de cristiano. Lo cristiano y lo evangélico está en otra dirección, porque Dios está en otra dirección y se le encuentra en otros espacios, distintos a los de nuestra mezquindad, miopía o egoísmos. Y, por eso precisamente, Dios nos sorprende: porque encontramos las fuerzas para vivir donde menos suponíamos que podrían estar. Como encontramos una verdadera razón para darle gracias, cuando pensábamos que Dios se había olvidado de nosotros.

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Pan para la vida

Domingo XVIII del Tiempo ordinario

    Hoy es el domingo décimo octavo del tiempo ordinario. El milagro de los panes que leíamos el domingo pasado introduce el discurso del “Pan de Vida”, que iremos leyendo durante todo el mes de Agosto. De muchas maneras se nos dirá que debemos comer siempre este pan. Pero este pan es Cristo, que es el único y verdadero pan de vida.

     Avisa el Evangelio que busquemos a Cristo porque lo necesitamos para la vida de cada día. También se nos avisa que trabajemos por buscar ese alimento que perdura, que nos hace fuertes. Y que la verdadera obra de Dios es precisamente la fe con que acudamos al Hijo, que para eso lo ha enviado el Padre.

   Hay en el mundo demasiados problemas, lo que oscurece a menudo nuestra fe. Necesitamos por eso ese pan de vida eterna, del que habla reiteradamente este evangelio.

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Verano: ocasión para el encuentro con Dios y el prójimo

Domingo XVI del Tiempo Ordinario

  Hoy es el domingo decimosexto del tiempo ordinario. El evangelio del domingo pasado nos llamaba al compromiso en la misión, en el trabajo. El evangelio de hoy nos llama a descansar después del trabajo. Es un evangelio para los días de vacaciones: “venid y descansad un poco; y es que eran tantos los que iban y venían que no tenían tiempo ni para comer”.

  Se nos invita a descansar para saber ir después a la vida con el ánimo renovado y en mejor disposición para llegar al fondo de las complejidades, al punto exacto donde otros nos esperan, a encontrar la luz necesaria para nosotros y para otros, cada vez que la realidad se ensombrece y nuestro corazón se llena de perplejidad o de miedos.

  Hoy necesitamos acudir a la Eucaristía con la confianza que nos da la palabra del Evangelio, sabiendo que el mismo Dios que encomienda al hombre el trabajo de la creación es el que quiere para todos los hombres y mujeres el descanso y la fiesta.

  Con este espíritu comenzamos la celebración buscando en este espacio la fuerza y la esperanza que todos necesitamos. Y deseando que el tiempo y el lugar de vacaciones sea para todos espacio y ocasión para nuestro encuentro con Dios y espacio y ocasión para un sabroso encuentro con nuestro prójimo.

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Más obras que palabras

    Domingo XV del Tiempo Ordinario

     Estamos en el domingo decimoquinto del tiempo ordinario. Leeremos en el evangelio de San Marcos la primera misión de los doce, que reproduce la misión de Jesús.

     En esta misión hemos de vernos todos, desde el Papa hasta cualquiera de nosotros: porque todos somos misioneros, testigos de la Palabra, allá donde cada uno vive y proyecta, sueña y se cansa. Necesitamos recuperar nuestra identidad, toda la calidad de nuestra vida creyente, que tantas veces se desfigura en el roce cansino de las cosas, las noticias y las sorpresas.

     Se nos llama a estar disponibles, a no vendernos nunca a intereses espurios, a convertirnos y a anunciar la conversión. No nos predicamos a nosotros mismos, debemos hablar del Reino de Dios a otros y hacerlo de manera creíble, algo que reclama de nosotros ser más dados a las obras que a las palabras.

     Más que nunca hemos de vernos llamados a un testimonio que sea de verdad evangélico, en lo grande, en lo universal, en lo social;  y evangélico en lo de cada día, que nos llama a salir más de nosotros y a expulsar algún que otro demonio instalado en nuestros muy personales egoísmos.

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Aunque la fe se tambalee, Dios está al lado

      Domingo XIV del Tiempo Ordinario

    Hoy es el domingo decimocuarto del tiempo ordinario. Las lecturas de hoy tienen mucho que ver con la manera desmayada y tibia de vivir la fe en nuestra sociedad.

     Hay un predominio cultural de increencia que desafía seriamente a nuestra fe. La fe se nos tambalea y entonces se nos amontonan las preguntas y la desconfianza. Igual que en tiempos de Jesús o que en tiempos del profeta Ezequiel.

     Jesús se quejó de la falta de fe de sus paisanos. Habría que indagar en las razones de aquella falta de fe y descubrir cómo esta enfermedad persiste hoy entre nosotros, veinte siglos después. Hay una increencia cultural en una sociedad que se confiesa mayoritariamente creyente. Esa increencia está retratada en un mundo de intereses mezquinos, en una escasa sensibilidad para descubrir a Dios en lo cotidiano y en lo sencillo. Hay que descubrir que Dios se nos puede hacer presente en el vecino de al lado. A aquellos paisanos de Jesús le sorprendía que el carpintero de al lado hablara de Dios y de la ley y del templo como hablaba Jesús.

     El Evangelio deja abierta muchas preguntas y debiéramos reconocernos y sintonizar con algunas de ellas.

 

 

 

 

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