“Con él a mi derecha, no vacilaré”.

Domingo XXXIII del Tiempo ordinario 

   Hoy es el domingo trigésimo tercero del tiempo ordinario. El Señor está siempre cerca de nosotros, nos recuerda la liturgia de este domingo. Esto nos hace mirar al futuro, como realidad en la que necesitamos entrar sin temor, sino a sabiendas de que vamos haciendo un examen todos los días, en la seriedad y en la confianza de que no nos faltará el Señor, de que siempre está presente: “con él a mi derecha, no vacilaré”.

   Las lecturas nos llevan a no absolutizar lo que siempre serán realidades relativas. Y que hay que saber vivir entre las contradicciones que a todos nos afectan, porque no somos ni mejores ni peores que los demás, ni más inteligentes ni menos que los que no piensan como nosotros; y todos estamos construyendo un camino de salvación, porque tenemos cerca al Señor.

   Y saber esto es siempre una noticia gozosa, que nos llena de esperanza. Que el camino que hacemos, aun entre dificultades, es una oportunidad para encontrarnos con el Señor, porque él está siempre cerca.

    Hoy celebramos en España el día de la Iglesia diocesana. La colecta de este domingo será a esa intención.

 

 

 

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La vida en un óbolo, en un gesto

Domingo XXXII del Tiempo ordinario

     Hoy es el domingo trigésimo segundo del año litúrgico. Con el evangelio de hoy termina el ministerio público de Jesús. La lectura de hoy ha querido conservar para todas las edades donde se predique el evangelio la figura de esta pobre viuda anónima, que constituye una lección y una denuncia. La viuda del evangelio no necesitaba conocer los 613 preceptos para cumplirlos, sabía dar a Dios lo que es de Dios: en forma de dos cuartos dio toda su vida.

     Y esto nos da pie para reflexionar una vez más sobre nuestras actitudes profundas: de verdad y de coherencia ante nosotros mismos, de generosidad ante los demás y de fidelidad ante Dios y su palabra que llega a nosotros.

     También queremos hoy orar por la Iglesia que somos todos: para que su presencia en el mundo sea signo y sacramento de la unión de cada uno con Dios, signo también de la unidad de todos nosotros. Que en la sociedad y en la cultura que vivimos sea palabra y testimonio creíble.

 

 

 

 

 

 

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Más que todos los sacrificios y leyes

Domingo XXXI del Tiempo ordinario

El evangelio de este domingo trigésimo primero del tiempo ordinario nos pone ante una interpretación rigurosa y sencilla de lo que constituye la verdadera religiosidad: amar a Dios y amar al prójimo. Nos dice, además, que entender esto significa estar cerca del Reino de Dios.

El amor cristiano tiene, pues, dos direcciones. La primera es amar a Dios, dándole un lugar privilegiado en nuestra vida, en nuestra mentalidad y jerarquía de valores. La segunda es amar al prójimo y descubrir en él el valor absoluto de la persona. Esto en una lectura religiosa significa que hemos descubierto en cada prójimo un hijo de Dios.

Y seguramente que estamos de acuerdo en que esto vale más que toda la Ley y los profetas, más que todos los sacrificios y leyes. El problema está en cómo lo traducimos cada día y cómo alimentamos una permanente actitud crítica que sostenga una determinada manera de situarnos ante todo.

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Crecer en fidelidad

Domingo XXVII del Tiempo Ordinario

     Hoy es el domingo vigésimo séptimo del tiempo ordinario.

     La liturgia de este domingo nos habla del matrimonio. No es ésta una página fácil, cuando tantos matrimonios andan a la deriva y el tema de las parejas de hecho o de los compañeros sentimentales ocupan la atención permanente de los medios de comunicación social. No es fácil hablar, pero hay que hacerlo con delicadeza y con firmeza.

     Y hay que hacerlo porque el matrimonio es una pieza esencial en el planteamiento que los cristianos hagamos de la vida: algo que reclama tratar las cosas con seriedad y de acuerdo al plan de Dios. Y el plan de Dios no es siempre el nuestro, nos dice de una manera repetida el Evangelio. “Al principio no fue así” significa que hay que volver al origen, al proyecto de Dios y ahondar en él y redescubrir el sentido de la fidelidad al don que Dios les hace a los que se casan.

    Pedimos en la Eucaristía que los que están próximos a casarse acierten a  prepararse para ese don y que la sociedad favorezca ese crecimiento y esa educación. Que todos sepamos crecer en fidelidad. Algo que no es fácil, como no es fácil ser justos, ni equilibrados, ni solidarios.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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Empezar de nuevo con esperanza

Domingo XXVI del Tiempo Ordinario

 Hoy es el domingo vigésimo sexto del tiempo ordinario. (…) La liturgia y la fiesta de Granada nos invitan a tomar en consideración nuestra vocación cristiana: que todos caigamos en la cuenta de que es peligroso creernos de los buenos: No somos buenos porque saquemos a la Virgen por las calles, sino que la sacamos porque queremos ser mejores personas, mejores ciudadanos, mejores cristianos.

  En estos días se ha abierto el año judicial, se está abriendo el año académico, también comienzan las actividades políticas en los Parlamentos. Todo nos lleva a pensar que las cosas pueden renovarse, pueden ser de otra manera. También nosotros podemos empezar de nuevo con esperanza.

  Queremos tener presente en nuestra oración de esta noche a todos los que ya han llegado o está llegando a Granada, para iniciar un nuevo curso académico en la Universidad. También a ellos les llama el evangelio de hoy a no escandalizar, a “profetizar”, a moverse según el Espíritu de luz y de fortaleza que el Señor les comunique.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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Poner los ojos en otros

Domingo XXV del Tiempo Ordinario


    Hoy es el domingo vigésimo quinto del tiempo ordinario.

     En el evangelio Jesús anuncia por segunda vez su muerte; anuncio que los discípulos prefieren no entender y que reciben entre el miedo y la indiferencia. Jesús insiste en que son los más pequeños, los insignificantes sociales, los más vulnerables, los verdaderamente importantes en el reino de los cielos.

     Cuando los mayores creemos que los importantes somos nosotros; cuando buscamos toda clase de recursos para ser más que otros, o dominar a los demás, o sorprender y hasta abusar de los demás, Jesús insiste en que pongamos los ojos en otros, que son los preferidos de Dios: tantos maltratados por nuestra sociedad, que necesitamos tener presentes.

     Hemos construido una sociedad que sistemáticamente excluye a un número considerable de seres humanos. En tiempos de crisis, como el nuestro, esta realidad constituye un aspecto resaltable e hiriente.

 

 

 

 

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Hay vida y esperanza en el misterio

Domingo XXIV del Tiempo Ordinario

  Hoy es el domingo vigésimo cuarto del tiempo ordinario.. El Evangelio nos ofrece dos temas importantes: ¿de qué te sirve decir que tenemos fe si después nuestra vida está llena de incoherencias? El otro tema es la pregunta que Jesús hace a los suyos: ¿qué piensa la gente y qué pensamos cada uno de nosotros de Jesús?

     Ir descubriendo respuesta a estos temas nos resulta a veces una tarea difícil. Entender el sentido de la adhesión a la fe, aprender a movernos en el conflicto no es desde luego tarea fácil.

  Isaías dice que Jesús personifica el fracaso, el fracaso aparente; ya que Dios está siempre con él, en su humillación y en su sufrimiento. Jesús ha estado en la cruz, en los arrabales de las grandes ciudades, en los arrabales de la historia; ha llegado a lo más bajo, a lo que no se entiende, a todo aquello ante lo que preferimos volver la cara.

  Y ahí, en ese espacio lleno de contradicciones, es donde Dios nos salva: así lo vio la primera comunidad, la que leyó el evangelio más antiguo. Y descubrió que había salvación, vida y esperanza en el misterio.

    

 

 

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Desvanecer los miedos y no “hacernos el sordo”

Domingo XXIII del Tiempo Ordinario

     “Sed fuertes, no temáis”: ese es el mensaje del profeta Isaías para este domingo vigésimo tercero del tiempo ordinario. Es evidente que necesitamos fortaleza, como así mismo desvanecer los miedos que ensombrecen la existencia de tantos contemporáneos nuestros.

     Que la Eucaristía que ahora celebramos abra los oídos de nuestro corazón para acoger la palabra de Dios y acertar llevándola a la vida. Que abra también nuestros oídos para oír la realidad que nos ha tocado vivir y no andar “haciéndonos el sordo” ante los problemas y sufrimientos de este mundo.

    Que se nos abra a todos un horizonte de creyente esperanza, que nos acerque a los demás desinteresadamente; que seamos capaces de salvar a otros, de crear solidaridad, espacios de acogida, de sonrisa y de paz; que sepamos destruir los muros de la incomunicación y de la soledad de tantos haciendo posible, con signos creíbles y expresivos, espacios de reconciliación desde actitudes de buena voluntad. Sabemos de más que entonces el Señor se hará presente entre nosotros.

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Volver con ganas de vivir y pisar el terreno de cada día

Domingo XXII del Tiempo Ordinario

       Hoy es el domingo vigésimo segundo del tiempo ordinario. Mañana muchos volverán a su trabajo habitual. Esta fecha es importante porque significa el final de un tiempo más disperso: tiempo de vacación, que ojalá haya sido de descanso. Con septiembre volvemos a poner las cosas en su sitio, los tiestos, los recuerdos, las obligaciones, las personas.

     Es una actitud profundamente religiosa celebrar en la fe la vuelta al trabajo, a la normalidad del trabajo. Y precisamente en este domingo, cuando la liturgia nos llama a tomar un camino que se construye desde dentro, desde lo más profundo de cada uno.

     Que no nos falten ganas de vivir, ganas de ponerle de verdad nombres a las cosas. Que sepamos denunciar lo que no vemos bien, apoyar lo que con dos manos sale mejor que con una sola. Que valoremos el terreno que hemos de pisar cada día, aun a pesar de las dificultades que nos sobrevengan. Que si tenemos algo importante que decir o que hacer, encontremos personas para llevar adelante lo proyectado y palabras eficaces para que la verdad resplandezca donde sea menester.

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Descubrir la huella de Cristo en la vida

Domingo XXI del Tiempo Ordinario

      Hoy es el domingo vigésimo primero del tiempo ordinario. También a nosotros se nos puede preguntar qué es lo que nos viene grande o no entendemos de la enseñanza del Evangelio, qué pensamos hacer con nuestras vidas, quién es para nosotros Jesucristo.  También nosotros dudamos y necesitamos clarificar más de una vez nuestra identidad y nuestro futuro.

     Necesitamos redescubrir que sólo el Espíritu es el que nos da la vida que con frecuencia nos falta. “Lo simplemente cristiano del Cristianismo es Jesucristo”; lo que quiere decir que para cada uno de nosotros Cristo Jesús debe ser un acontecimiento, una realidad que ha marcado nuestra historia personal y marca y orienta nuestra historia colectiva.

     Descubrir como individuos y como grupo la huella que Cristo ha dejado en la historia es tarea permanente de los cristianos. Y todo lo que nos ayude a esto, venga de donde venga, debe ser bien acogido. Para cada uno queda la urgencia personal de hacer de esta tarea algo con lo que identificarse.

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